Cuando pensamos en diabetes, lo primero que viene a la mente suele ser la glucosa, la alimentación o los medicamentos. Es una asociación lógica, pero incompleta: la diabetes es una condición que puede involucrar a distintos órganos a lo largo del tiempo, y los ojos son uno de ellos.
La retinopatía diabética es una de las complicaciones más relevantes en este terreno. Y tiene una característica que conviene conocer desde el principio: los cambios iniciales pueden presentarse sin que la persona note ninguna alteración en su visión. No se trata de un motivo de alarma, sino de una razón muy concreta para no dejar la revisión de los ojos fuera del plan de atención.
¿Qué tiene que ver la diabetes con los ojos?
La retina es una capa de tejido muy delgada que recubre la parte interna del fondo del ojo. Su función es convertir la luz que entra en señales que el nervio óptico lleva al cerebro, donde se interpretan como imágenes. Para trabajar necesita un aporte constante de oxígeno y nutrientes, y lo recibe a través de una red de vasos sanguíneos muy finos.
Ahí está el punto de contacto con la diabetes. Cuando la glucosa permanece elevada de forma sostenida, esos vasos pequeños pueden ir dañándose. La pared vascular se vuelve más frágil y permeable, el flujo de sangre se altera y algunas zonas del tejido pueden quedar con menos aporte del que necesitan.
Dos factores influyen en el riesgo: el tiempo de evolución de la diabetes y el grado de control sostenido a lo largo de los años. Pero sería un error reducirlo todo a la glucosa. Las guías actuales señalan que alcanzar los objetivos de glucemia, presión arterial y lípidos contribuye a reducir el riesgo o a frenar la progresión de la retinopatía diabética. El cuidado de los ojos forma parte de un control integral, no de uno exclusivamente centrado en una cifra de azúcar.
¿Qué es la retinopatía diabética?
Es una alteración de la retina relacionada con la diabetes, que afecta tanto a sus vasos sanguíneos como al propio tejido nervioso.
En las etapas iniciales, los vasos pequeños se debilitan: pueden formarse pequeñas dilataciones en su pared y producirse fugas de líquido o de sangre en cantidades mínimas. En esta fase la persona suele seguir viendo con normalidad.
Si el proceso avanza, algunos vasos pueden obstruirse y dejar zonas de la retina con un aporte insuficiente de sangre, lo que se conoce como isquemia. Como respuesta, el ojo puede intentar compensar generando vasos nuevos. El problema es que esos vasos de formación reciente son frágiles y desorganizados: es lo que define a la enfermedad proliferativa, la forma más avanzada, en la que pueden producirse sangrados dentro del ojo o tracción sobre la retina.
Existe además una situación que merece mención aparte, porque puede aparecer en distintos momentos de la evolución: el edema macular diabético. La mácula es la zona central de la retina, responsable de la visión fina —leer, reconocer rostros, distinguir detalles—. Cuando se acumula líquido en ella, la visión central puede verse afectada aunque el resto de la retina esté relativamente conservada.
¿La diabetes puede causar otros problemas en los ojos?
Sí. Además de la retinopatía, las personas con diabetes presentan un riesgo mayor de desarrollar otras dos condiciones oculares frecuentes:
- Cataratas: la opacificación del cristalino, el lente natural del ojo. Tiende a aparecer antes y a progresar más rápido que en personas sin diabetes.
- Glaucoma: un grupo de enfermedades que dañan el nervio óptico, con frecuencia relacionadas con la presión dentro del ojo.
Ambas se detectan en el mismo examen ocular completo que se usa para valorar la retina, lo que refuerza la utilidad de la revisión periódica. Aun así, la retinopatía diabética sigue siendo el motivo principal por el que se recomienda esta vigilancia.
¿Puedo tener retinopatía diabética aunque vea bien?
Sí, y es importante entender por qué.
Las etapas iniciales de la retinopatía diabética por lo general no producen síntomas. El daño comienza en vasos muy pequeños y en zonas que no necesariamente comprometen la visión central, de modo que una persona puede leer sin dificultad, conducir y hacer su vida con normalidad mientras ya existen cambios detectables en el fondo de su ojo.
Ver bien no siempre significa que la retina esté libre de alteraciones. La visión es un indicador tardío: cuando se afecta, el proceso suele llevar tiempo en marcha. Por eso la vigilancia se basa en revisiones programadas y no en esperar a notar algo.
Esto no quiere decir que toda persona con diabetes vaya a desarrollar retinopatía, ni que hacerlo signifique perder la vista. Quiere decir algo más sencillo y más útil: la ausencia de síntomas no es información suficiente para saber cómo está la retina. Es la misma lógica que se aplica en otras áreas del cuidado de la diabetes, donde conviene valorar antes de que aparezcan molestias —como ocurre también con la resistencia a la insulina, que puede cursar sin síntomas.
¿Qué síntomas pueden aparecer cuando la enfermedad avanza?
Cuando el proceso progresa, pueden presentarse manifestaciones como:
- Visión borrosa o fluctuante.
- Dificultad para leer o para distinguir objetos a distancia.
- Manchas o hilos flotantes en el campo visual.
- Zonas oscuras o vacías en la visión.
- Dificultad para percibir los colores.
Conviene subrayar dos cosas. La primera: no hay que esperar a tener síntomas para realizar la vigilancia indicada; para entonces el proceso puede llevar tiempo en curso. La segunda: si aparecen cambios visuales súbitos o importantes —pérdida brusca de visión, aumento llamativo de manchas flotantes, destellos de luz o una sombra que avanza sobre el campo visual—, corresponde buscar valoración oftalmológica sin demora, no esperar a la siguiente cita programada.
¿Cuándo deben revisarse los ojos las personas con diabetes?
Las recomendaciones de los Standards of Care in Diabetes 2026 de la American Diabetes Association establecen un punto de partida claro según el tipo de diabetes:
- Diabetes tipo 2: examen ocular completo y con dilatación al momento del diagnóstico. La razón es que la diabetes tipo 2 puede haber pasado inadvertida durante años, de modo que ya puede existir retinopatía cuando se establece el diagnóstico.
- Diabetes tipo 1: examen ocular completo y con dilatación alrededor de cinco años después del inicio de la diabetes, porque la retinopatía suele tardar al menos ese tiempo en desarrollarse.
A partir de ahí, la frecuencia se individualiza:
- Si uno o más exámenes anuales no muestran retinopatía y los indicadores de glucosa se encuentran dentro de los objetivos, puede considerarse un intervalo de uno a dos años.
- Si ya existe retinopatía en cualquier grado, la valoración debe repetirse al menos una vez al año.
- Si la retinopatía progresa o amenaza la visión, puede requerirse una vigilancia más frecuente.
Importante: no es exacto resumir esto como "todas las personas con diabetes deben revisarse exactamente una vez al año". El intervalo depende del tipo de diabetes, del tiempo de evolución, de si ya existe retinopatía y de su grado, del control metabólico y de otros factores clínicos. Quien define el calendario es el equipo que atiende cada caso.
Hay además situaciones que modifican el esquema —por ejemplo, el embarazo o la planificación de un embarazo en mujeres con diabetes previa requieren una vigilancia específica—. Por eso conviene revisarlo en consulta y no asumir un intervalo general.
¿Cómo se puede evaluar la retina?
La valoración se apoya en varios elementos, según el caso:
- Examen ocular completo, que incluye agudeza visual y la exploración de las distintas estructuras del ojo.
- Dilatación de la pupila cuando corresponde, para poder observar la retina con amplitud. Produce visión borrosa y sensibilidad a la luz durante unas horas, un efecto transitorio y esperado.
- Fotografía del fondo de ojo, que documenta el estado de la retina en imágenes y permite compararlas en el tiempo.
- Estudios complementarios cuando el caso lo requiere, indicados por oftalmología.
En los últimos años se han incorporado además herramientas que ayudan a analizar las imágenes de la retina, incluidos sistemas automatizados aprobados por agencias regulatorias para apoyar el tamizaje. Las guías los consideran una estrategia de detección apropiada siempre que exista una ruta definida de referencia oportuna cuando los hallazgos lo ameriten.
Conviene decirlo con claridad: estas herramientas apoyan la detección, no sustituyen al oftalmólogo. Sirven para identificar a quién conviene evaluar con más detalle, y esa evaluación sigue correspondiendo a un profesional de la salud visual.
¿La fotografía de retina sustituye una valoración oftalmológica?
No de manera universal.
La fotografía del fondo de ojo puede emplearse como estrategia de tamizaje en condiciones adecuadas: cuando las imágenes tienen calidad suficiente, cuando su lectura corre a cargo de personal capacitado o de sistemas validados, y cuando existe una vía clara para derivar a quien lo necesite.
Se requiere una valoración oftalmológica presencial completa al menos en estas situaciones:
- Cuando la imagen obtenida no tiene la calidad necesaria para una lectura confiable.
- Cuando aparecen hallazgos o anomalías en las imágenes.
- Cuando la persona presenta síntomas visuales.
- Cuando existen otros factores clínicos que lo justifiquen, como enfermedad avanzada, antecedentes oculares relevantes o embarazo.
Dicho de otro modo: el tamizaje con fotografía es una puerta de entrada útil, no un punto final. Su valor depende de que la ruta de referencia funcione.
¿Qué pasa si encuentran una alteración?
Lo primero, y conviene decirlo sin rodeos: un hallazgo no significa que la persona vaya a perder la visión.
La importancia de lo que se encuentra depende de varios elementos: el tipo de alteración, su severidad, su extensión, si afecta o no a la mácula, y el contexto clínico de cada persona. Un cambio incipiente en un caso bien controlado no plantea la misma situación que una enfermedad proliferativa.
Determinados hallazgos requieren referencia a oftalmología para una valoración detallada y para definir el plan de seguimiento. En algunos casos la conducta será vigilar más de cerca y reforzar el control metabólico; en otros podrá indicarse un tratamiento específico, que corresponde establecer al especialista en salud visual.
Precisamente por eso la detección oportuna es tan valiosa: permite tomar decisiones mientras existen más opciones, en lugar de reaccionar cuando la visión ya se ha comprometido.
Cuidar la vista también forma parte del control de la diabetes
El manejo de la diabetes no consiste únicamente en observar una cifra de glucosa. Un plan de atención completo contempla, entre otros aspectos:
- El control glucémico y su seguimiento a lo largo del tiempo.
- La presión arterial.
- El perfil de lípidos.
- La función renal.
- La salud de los pies.
- La salud visual.
Cada uno de estos frentes aporta información distinta, y todos se influyen entre sí. Por eso el seguimiento suele requerir coordinación entre endocrinología, medicina interna, oftalmología y, según cada caso, otros profesionales.
Si vives con diabetes o con prediabetes, revisar el estado de tus ojos dentro del plan de atención es una decisión sensata: no porque algo vaya a ir mal, sino porque es la forma de saberlo a tiempo. Y si aún no tienes claro tu panorama metabólico, puede ayudarte conocer cómo se evalúa médicamente la resistencia a la insulina o cuándo conviene acudir con un endocrinólogo.